Dos intentos de fijar el tiempo a través de la representación aparecen en la obra de Javier Navarro (1985). El primer intento pasa por el tránsito del cuerpo corrupto hacia la nueva forma estable, el fósil. Nos hallamos ante el testimonio de tiempo transcurrido indefinidamente anterior a su descubrimiento y catalogación. Resistente al paso de los siglos es piedra angular del arqueólogo. Semejante a este proceso de relacionarse con el pasado, existe otro mucho más fluido e impredecible. Teniendo lugar en la memoria, que silenciada de forma habitual, en ciertas ocasiones irrumpe, advirtiendo de su existencia hasta de nuevo caer en el olvido, pero aun latente. Nunca revela la fecha de su siguiente aparición. Es el fluir compuesto por numerosas imágenes de código universal que describe la instrumentaría del ritual, proceso de dar cuerpo a ideas que urgen en hallar su expresión para volverse gestionables.


Estas dos dinámicas, la de interés arqueológico, por la sedimentación de capas y su momento de génesis, la otra antropológica, intento de descifrar aquello caduco fuera de su contexto cultural, puesto que no estudia al cuerpo superviviente, sino el sentido apenas tangible atribuido. Ambas quedan integradas en un cuerpo común en la obra de Navarro, unidas por contacto físico, estos dos elementos constituyen universos cuanto menos divergentes quedando adheridos.


A partir del fragmento óseo el artista proyecta una reconfiguración del esqueleto entero, atendiendo a la necesidad ritual de la generación de significado. Descripción de un viaje de ida y vuelta por una simbología base, genera un ligamen al mundo contemporáneo al recomponer el cuerpo con objetos que prometen belleza, hallados en nuestra sociedad actual como objetos encontrados.  Tránsito de algo tomado del pasado, de un sendero imaginario, a nuestro presente de algo que no tiene cuerpo propio, pero lo necesita. De esta forma tiene lugar la confección de un trofeo de caza, que no elimina  vida, sino construye a partir de la memoria una nueva atadura a una corporeidad inédita. En esta las vísceras son belleza y lo abyecto reluce de forma silenciosa y contenida ejerciendo su efecto siniestro a través de la recognición de la imagen real y de la distancia cultural a la que nos hallamos de esta, señalizada por una sustitución por el opuesto. Alusión a un pasado indefinible y oculto que parece oscilar entre la historia archivada y un subconsciente exigiendo del cuerpo un exceso de estas categorías tan racionales, incapaces de asumir la importancia cultural de aquello convertido en ritual.

Manuel Horn

 

 

La cosmogonía de Javier Navarro Romero
 

Olor sangre y azufre, sonido de oración y rito; fuera en la noche, el frío y la niebla, el lamento o la llamada lejana de un ser inespecífico, el silencio; el sonido del latido de nuestro corazón, el tiempo de vida, la muerte.
Todo sigue ahí, tras miles de años de lucha, todo sigue ahí: el miedo ancestral a lo desconocido, a la muerte, a las fuerzas de la naturaleza; la atracción y sorpresa ante el mundo animal y ante el animal que somos; la imposibilidad de pensar lo universal y la necesidad de construir relatos que mitiguen la nausea y el vértigo ante lo inasible. Como si formasen parte de la esencia del alma humana perviven inalterables las preguntas originales, y junto a ellas el miedo, siempre el miedo, caldo de cultivo y conservante de las construcciones humanas que procuran domesticarlo: los mitos, los ritos, la magia, la religión.


Con el tiempo, en la sociedad occidental, nos hemos ido dotando de innumerables herramientas tecnológicas y procedimientos sociales que actúan como muro de invisibilidad ante la realidad de nuestra materialidad orgánica, y también, ante la barbarie de que somos capaces. Una maquinaria de ocultación que hace la vida más soportable, pero también debilita nuestra capacidad para soportar la realidad, como le ocurrió al comisario Jasselin en la última novela de Houellebecq, que tuvo que recurrir a la asubha budista, con sus largas sesiones de meditación sobre el cadáver, para soportar la cruda realidad que le imponía su trabajo, y tuvo que hacerlo en Sri Lanka, porque las normas sanitarias de Europa harían imposible este tipo de contemplación de osamentas y cadáveres.


Tecnologías de ficcionalización de la realidad, sistemas de ocultación de la enfermedad y la vejez, protocolos de gestión burocrática de la muerte y hábitats artificiales que parecen protegernos de la naturaleza. Incluso hemos creado una compleja realidad, casi tan indomable e incomprensible como la natural, capaz de desplazar el miedo ante la ausencia de lluvias o la desaparición de la caza por la evolución de los mercados, la situación laboral y los índices bursátiles. Aunque todo sigue ahí, casi como era al principio.
Javier Navarro, en su proyecto nacido bajo el signo de capricornio, título con el que ya nos indica su interés por la génesis, el cosmos y lo animal, recoge esta tradición perenne y actualiza su iconografía desde una postura absolutamente contemporánea. Como toda cosmogonía pretende conjurar el caos y la incertidumbre, pero no es una reivindicación de lo prerracional ni una negación de los logros científicos, sino un encuentro con el sustrato que siempre portamos, una actualización simbólica de los mitos y ritos que han acompañado desde siempre a las preguntas esenciales y nunca suficientemente satisfechas.


A los cráneos y osamentas, arqueologías de la vida y símbolo de dominación de lo animal, se añaden fragmentos de materiales contemporáneos que parecen proceder de un naufragio, restos de una civilización agotada llena de espejos y materiales de decoración de múltiples colores, convertidos en aderezo de superficie. Como aquellos objetos que sorprendieron a los nativos americanos, atraen también a Javier, y sin duda al espectador de estas obras, pero no con la mirada ingenua del indígena, sino con esa intención consciente que permite conectar de un modo eficaz el presente y el pasado, para descubrir lo que en el hoy queda de la sustancia del siempre.
Restos orgánicos, objetos, fragmentos industriales y pintura constituyen la base material de su trabajo; la apropiación, la transformación o reconstrucción son sus estrategias creativas; la escultura, la pintura, la artesanía, la fotografía, el vídeo o el dibujo, las disciplinas convocadas sin complejos desde un proyecto consistente y coherente, que demuestra una vez más, la precariedad y cortedad de las catalogaciones estancas de las prácticas artísticas en relación a los diferentes medios y tecnologías.


Propone un universo muy personal y a la vez reconocible, como un chamán que conoce la cultura de su comunidad y su tiempo, se dota de toda una serie de símbolos para hacer visible lo inaprensible, aceptable lo insoportable y natural lo que nunca dejó de serlo. Movido por un impulso equiparable al de Vatanen, el periodista del libro de Paasilinna, que le hace abandonar la comodidad y verse abocado, tras una serie de peripecias periféricas en la ordenada sociedad finlandesa, a la persecución imparable e implacable del oso, durante días y noches por los fríos parajes nevados, cruzando pueblos y fronteras hasta dar alcance a la bestia, y tras mirarle a los ojos de animal acorralado, abatirlo, y como en un ritual atávico, beberse a puñados su sangre.

 

Elías M Pérez. Universidad Politécnica de Valencia

 

 


Since the 19th century, European culture has been approaching a certain part of its cultural heritage which had hardly been observed before: pre-Christian myths. Up to then they were perceived through the ancient period when they were transformed into literature, whereas the Christian culture alone pushed these earlier beliefs into the sphere of superstition, the infernal realm and black magic. Despite the gap of a thousand years, nowadays we are able to reconstruct their original form and a sense of the life of pre-Christian culture thanks to the field of cultural anthropology. Myth in a variety of forms then became one of the favorite themes of modern art – Symbolism, Surrealism and Post-Modernism. It is also the main theme in the artwork of Javier Navarro Romero who deals with many often contradictory cultural motifs in a unique syncretic approach: eroticism together with death and infantilism, beauty (colored sequins) with disgust (animal skulls set with beetles), the archaic with the contemporary when e. g. copulating unicorns are conceived in colors typical for the designs of Desigual – a popular Spanish fashion brand.

​Pavel Vančát, project curator START POINT PRIZE

 

 

Rojo vivo al corazón

Javier Navarro nos descubre en Rojo Vivo al Corazón un mundo extraño donde las sensaciones se disparan como flechas, abriéndose paso hasta nuestros sentidos. Dejar que corra nuestra imaginación por terrenos inexplorados, tejidos con un especial cuidado por nuestro artista, es la tarea que se nos encomienda cuando nos enfrentamos por primera vez a esta obra.
No queramos descubrir más de lo que se nos muestra, y sigamos, como si de un mapa se tratase, por el camino que lleva al corazón, el entramado que compone este fantástico universo. No quiero decir más, pues no son las palabras el mejor medio para transmitir emociones. No obstante, me gustaría referirme a este artista, y gran amigo, no sólo como pintor, sino también como poeta, artífice del verso, de la forma, el color y la materia, que con sutiles imágenes nos vuelve a sorprender, devolviéndonos la capacidad de asombrarnos. En el trajín de nuestra vida cotidiana queda todavía un lugar para la magia, prueba de ello es, sin duda, la exposición que Javier Navarro nos presenta hoy con su exposición Rojo Vivo al Corazón.



María Dolores Pérez-Montaut Martí